Historia de Baradero
Creó una escritura para los Guaraníes y tradujo a esa lengua el catecismo. También inventó una forma de organizar a los nativos: Las reducciones. En ellas instalaba en el centro una plaza, a su alrededor la Iglesia, los talleres, algún comercio, las casitas de los aborígenes y en las afueras, las quintas y huertas. Así pudo llevar a cabo su sueño: que muchos hermanos americanos fueran evangelizados en reducciones por él fundadas: Los Altos, Itá, Yaguarón, Caazapá, Pitum, Guaram-baré, Atyrá, Yutí y en otras, a las que fue cuando apenas habían sido creadas: Itatí y nuestro Baradero, al que llegó a los seis meses de su fundación. Después de haber trabajado sus últimos años en Baradero, en 1623 se retiró al Convento de San Francisco, situado en Buenos Aires.
A pesar de su incipiente ceguera, llevó allí una vida de trabajo y oración. En ese lugar falleció el 11 de octubre de 1629, pidiendo al presidente de¡ Convento que lo encomendara al Señor. Sus restos se encuentran en el Mausoleo que se levantara en su honor en la Iglesia de San Francisco ¡ en Buenos Aires. Sin embargo, conservamos uno de sus huesos como una reliquia en el Templo Santiago Apóstol, de nuestra ciudad.
Los franciscanos introdujeron en el Vaticano, la causa de su canonización.
Muchos hechos sobrenaturales se cuentan sobre este misionero. Se cuenta, por ejemplo, que habiendo crecido el río Tavaycuá, que provocó una tremenda catástrofe, Fray Luis plantó su cruz y diciendo: «De aquí no pasará», logró calmar las aguas.
En otra oportunidad, hubo una gran sequía. Los indios le pidieron a Bolaños una señal de milagro. El les ordenó que movieran una piedra y de ella brotó un manantial, que todavía existe y se llama Pozo Bolaños.
Cierta vez, una india, que vivía en Casapá intentó ahorcarse. En agonía, llamó al Padre Bolaños, quien apareció, cortó la cuerda y la salvó, aconsejándole que vaya a confesarse. Lo extraño de este hecho, es que el sacerdote se encontraba en Córdoba y es imposible llegara) lugar tan rápido.
Se cuenta también que, durante un viaje en carreta, haciendo noche en Cañada de Gómez, se produjo un incendio. Un español buscó al misionero y al no encontrarlo tomó el manto de Solanos y lo arrojó al suelo que se apagó sin chamuscarlo. Ya muerto, Fray Luis continuó haciendo milagros. Como aquel en que curó a una enferma de cáncer que frotó el cuello contra el ataúd del Fraile.
Por eso, podemos pedir a Fray Luis de Solanos que interceda por nuestras necesidades cotidianas. Si rezamos con fe, seguramente el Señor nos concederá lo que necesitamos.
Semanario La Autentica Opinión, Baradero, 29 de octubre de 1999
Esta nota fue escrita por los alumnos de 5° año de la Escuela Bolaños

















